40 FORMALISMOS TOTALMENTE INNECESARIOS

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Las audiencias del proceso penal acusatorio en México muestran hoy 40 formalismos que no encuentran sentido procesal y, por ende, deforman el sistema.  Aún ello, los que no tienen práctica profesional en la materia y dedican su tiempo a capacitar en esto-, centran sus clases en esas técnicas y en esos defectos.  La consecuencia, una generación perdida.

1. El discurso inicial.  Por lo general, una o un encargado de sala introduce, con un discurso aburrido en innecesario, el inicio de las audiencias y la presencia de los jueces.  Por lo general dura entre tres y cuatro minutos.

2. El uso del martillo

3. El uso de la toga

4. La constante referencia a la encargada de sala

5. La video grabación

6. Manos inteligentes y respirar con el diafragma

7. Los que han ingresado no pueden salir y los que han salido no pueden ingresar.

8. El Juez inicia la audiencia a la hora anunciada por la encargada de Sala y, vuelve a repetir la misma información que dio la encargada de Sala en su discursito.

9. El Juez solicita a las partes que hablen más claro y/o, que no se muevan del lugar, “para efectos de registro”.

10. El Juez solicita a las partes que se presenten, a quien, a la vez, deben informar de todos sus datos que ya constan en autos.

11. El Juez corrobora, con los carné, la personalidad de los sujetos procesales

12. El Juez toma nota de las calidades e identificación de las partes procesales, aun cuando su identificación –repito- consta en autos.  Ya una Juez preguntó: “con h o sin h”; “con v y/o con b”; “cómo se escribe @”, “Fulgencio es apellido o nombre”.

13. Las partes no se pueden parar ni se pueden mover, porque deben salir en pantalla y debe video grabarse todo.

14. La pantalla plasma se mantiene encendida toda la audiencia, para que la oralidad permita comprobar la inmediación.  Las personas están más pendientes de la “oralidad” de la pantalla, que la “inmediación” de las partes.

15. No es posible sacar el celular, ni siquiera, para recibir o enviar un mensaje.

16. La encargada de sala, no el Juez, mantiene la “disciplina” en la sala de vistas.

17. El Juez juega “ping pong” con las partes. Cada vez que una habla, da audiencia a la otra y, repite, aunque no hayan pedido réplica

18. El Juez, de oficio, ofrece réplica a las partes, cuando la réplica es estratégica.

19. Las partes se expresan sentadas, salvo que se les otorgue permiso para pararse.

20. Las partes no pueden caminar por la sala de vistas, salvo que se les de permiso, luego de pedirlo, para desplazarse en la sala.

21. Las partes solo pueden desplazarse en sala para enseñar un documento o evidencia, debiendo regresar al foco de su cámara, no sin antes pedir permiso y esperar que el Juez se lo conceda.

22. Nadie pone atención –en la oralidad-, porque el Juez está pendiente de su guion, la defensa de la pregunta que tiene que hacer y el fiscal repasa el discurso que ha preparado por escrito.

23.  El Juez está más pendiente de tomar nota que de lo que se dice, lo que lo distrae de lo que ocurre en la sala. Se pierde el control del lenguaje corporal.

24. Se exige la “teoría del caso” para todo,  cuando una teoría del caso es una estrategia y cuando cada audiencia tiene su propio tema.

25. Si una parte objeta, el Juez da audiencia a la objetante para que “fundamente” la objeción”.

26. De cada objeción, el Juez da audiencia a la parte que pregunta, para que justifique, contra la objeción, su posición “procesal”.

27. Algunos Presidentes de Tribunales de Juicio “deliberan”, con los otros miembros del Tribunal, sobre la objeción.

28. Las partes –entonces- utilizan la objeción para “medir” a la otra parte, para “cortar el ritmo” del testimonio, muchas veces para “molestar.  El Juez resulta un cómplice de esta estrategia.

29.  Si la parte no objeta, el Juez no corrige.  El Juez cree que el control del interrogatorio y/o contra interrogatorio es asunto de las partes, a través de la objeción, no una obligación suya, como director de la audiencia.

30. Las partes utilizan preguntas capciosas, sugestivas, confusas, insidiosas, porque no saben cuestionar sobre el hecho, porque no saben de teoría del delito.

31. Cuando hay objeción, el Juez decide.  Cuando no hay objeción, el Juez no decide.  Cuando se ha admitido la objeción, ha quedado en la mente del testigo la insidia, la sugestión, la confusión, el objetivo del interrogador. Absurdo.

32. Las partes están más presentes de lo que pueden hacer y de lo que no pueden hacer, de lo que pueden preguntar y de lo que no pueden preguntar, que, al final, ni preguntan, ni exigen respuestas.

33. Más pendiente de lo que se puede y no se puede, las partes se sientan sin haber hecho la pregunta necesaria.

34. El Juez, luego de dar al imputado el derecho que tiene de guardar silencio, sin que su silencio signifique presunción de culpabilidad, lo interroga sobre sus calidades, tomando lentamente nota de toda esa información que ya consta en la carpeta administrativa.

35. El Juez, pregunta al imputado –que tiene derecho de guardar silencio- si le leyeron los derechos; cuando interesa que el Juez conozca si se los respetaron.

36. Cuando el imputado manifiesta al Juez que no le leyeron los derechos, el Juez se los lee.

37. El Imputado manifiesta al Juez que le han violado sus derechos y, quizá, lo han golpeado, torturado, etc., sin que encuentre respuesta

38. El Juez no tiene más guion, para la audiencia, que “lo que toca”. No logra comprender que es un Juez y, por ende, todo lo que ha ocurrido es importante.

39. El Juez, luego de que ha hablado el Ministerio Público, da audiencia al Abogado Defensor.  Luego que han hablado los dos, pregunta al Ministerio Público “algo más”. Empieza otra vez el ping pong

40. El Juez le va “supliendo la queja” a las partes, conforme al orden del Código.  ¿Alguno tiene algún incidente? ¿Alguno tiene alguna excepción? ¿Alguno tiene algo que decir? ¿Alguno tiene algún recurso?

Quedémonos con 40 formalismos.  Si no ocurre nada de esto, ¿qué pasa? No pasa nada.  El Sistema Acusatorio es algo más importante que todas estas formas innecesarias.  Cada audiencia es la construcción del tipo penal, a través de la reproducción de la prueba, siguiendo, en lo posible, una estrategia de teoría del caso.  Pero, es triste entrar en una Sala de Audiencias sin saber a qué hora vamos a salir; sin comprender por qué son tan casinas; para aburrirnos; para darnos cuenta -en Chihuahua, que fue la primera, y en Tamaulipas, que fue la última-, que en todas ocurre lo mismo. 

Hemos aprendido formas porque las formas uniforman. Los Jueces creen que han hecho las cosas bien porque no se han salido del molde.

Nótese que no estoy analizando lo qué pasa en una Oficina de policía; en un Despacho del Ministerio Público; en la Administración de los Tribunales de Justicia; en las Oficinas de los Defensores Públicos.  Tampoco estoy analizando los “problemas” en la escena del crimen, la cadena de custodia, la custodia de las evidencias, etc.

¿A qué vamos a una sala de audiencias?  La respuesta debe ser: la realización de la justicia.  Ante esta respuesta es posible percatarnos que, entonces, no fue a eso a lo que fuimos.   

Dr. José Daniel Hidalgo Murillo.

Instituto de Investigaciones Jurídicas de la Universidad Autónoma de Chiapas.

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Nota: Agradezco profundamente a mi amigo el permitirme compartir su interesante reflexión.