Primera y última aclaración: ¡mi gusto es! (Anónimo)

jose_alfredo_jimenez

Cuando escucho que en León-Guanajuato “se arriesga la vida y se respeta al que gana”, confirmo que José Alfredo Jiménez hizo de la aventura una muestra de arte.

En esta hermosa canción José Alfredo no solamente describió cómo nos encendemos en un momento de entusiasmo, también demostró cómo se potencializa el valor a través del juego. 

Mediante un elevadísimo entusiasmo el juego puede potencializar la insensatez, algo que de momento puede conducirnos a estimar, sin más ni más: “No vale nada la vida”.[1]

Pero en Caminos de Guanajuato el resultado de potencializar una libre decisión, llegó hasta el punto de configurar un valor superior a la vida: la honra

El también compositor Alfonso Esparza Oteo, en perfecta armonía, estimó lo siguiente: “Para qué quiero vida sin honra, si malamente jugué”.

Todavía hay quienes afirman que la vida es el bien jurídico de mayor valor que protege el Derecho penal, ignoran que “el descubrimiento moderno de la dignidad tuvo lugar, precisamente, en medio de los escombros de los conceptos de honor”.[2]

Al respecto véase:

DERECHO FUNDAMENTAL AL HONOR. SU DIMENSIÓN SUBJETIVA Y OBJETIVA.

A juicio de esta Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, es posible definir al honor como el concepto que la persona tiene de sí misma o que los demás se han formado de ella, en virtud de su proceder o de la expresión de su calidad ética y social. Todo individuo, al vivir en sociedad, tiene el derecho de ser respetado y considerado y, correlativamente, tiene la obligación de respetar a aquellos que lo rodean. En el campo jurídico esta necesidad se traduce en un derecho que involucra la facultad que tiene cada individuo de pedir que se le trate en forma decorosa y la obligación de los demás de responder a este tratamiento. Por lo general, existen dos formas de sentir y entender el honor: a) en el aspecto subjetivo o ético, el honor se basa en un sentimiento íntimo que se exterioriza por la afirmación que la persona hace de su propia dignidad; y b) en el aspecto objetivo, externo o social, como la estimación interpersonal que la persona tiene por sus cualidades morales y profesionales dentro de la comunidad. En el aspecto subjetivo, el honor es lesionado por todo aquello que lastima el sentimiento de la propia dignidad. En el aspecto objetivo, el honor es lesionado por todo aquello que afecta a la reputación que la persona merece, es decir, el derecho a que otros no condicionen negativamente la opinión que los demás hayan de formarse de nosotros.

José Alfredo y Esparza Oteo, aunque a través del juego, supieron llevar hasta sus límites el derecho de la libre determinación. Autodeterminación a que también hizo referencia Samuel Margarito Lozano, en su magnífica canción titulada: “Mi gusto es”.

Esta poderosísima frase ─Mi gusto es─, en unidad y síntesis, sólo puede compararse con la escueta aclaración de Bartleby: Preferiría no hacerlo”. Dado que hubiera redundado en la dignidad de su persona, por eso Bartleby jamás rindió una explicación como esta: “Primera y última aclaración: ¡Mi gusto es!”.

En este sentido es dable considerar el siguiente criterio jurisprudencial:

DIGNIDAD HUMANA. SU NATURALEZA Y CONCEPTO.

La dignidad humana es un valor supremo establecido en el artículo 1o. de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, en virtud del cual se reconoce una calidad única y excepcional a todo ser humano por el simple hecho de serlo, cuya plena eficacia debe ser respetada y protegida integralmente sin excepción alguna.

Casi se impone la necesidad de tratar el tema de la desobediencia civil, sin embargo, debido a la falta de espacio, me limitaré a decir, en palabras de Stéphane Hessel: “Siempre me he situado al lado de los disidentes”.[3]

Respecto de la desobediencia civil se recomienda leer:

ESTUDIOS DE FILOSOFÍA JURÍDICA Y POLÍTICA :

http://biblio.juridicas.unam.mx/libros/libro.htm?l=2699

______________________________________________

[1] Benjamin, Walter, Iluminaciones II, Baudelaire, un poeta en el esplendor del capitalismo, 1972, p. 187: “el juego transforma al tiempo en estupefaciente”.

[2]Jakobs, Günther, La misión de la protección jurídico-penal del honor, trad. Manuel Cancio Meliá, en Estudios de Derecho Penal, Ed. Civitas, Madrid, 1997, p. 434.

[3] Hessel, Stéphane, ¡Indígnate!, 2010, p. 60. Por cierto, tanto Samuel M. Lozano como Esparza Oteo sirvieron a los fines de la Revolución Mexicana.