Una somera reflexión para la comunidad del Instituto Politécnico Nacional

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“Sólo el desarrollo armónico y congruente de un grupo humano constituye un progreso cierto. Pero cuando el desarrollo obedece a una importación imprevista, súbita y transitoria, su nombre es otro, es colonización”.

                                                               Jaime Torres Bodet

Es dable advertirle al lector que el tema que nos ocupa, por su trascendencia, me obliga desde un inicio a precisar que su servidor se ha manifestado y está a favor de la reforma educativa recién instaurada por el Constituyente Permanente en nuestra Carta Magna, y es precisamente ese nuevo paradigma constitucional el que me obliga a disentir con la pretendida reforma realizada al Reglamento Interno del Instituto Politécnico Nacional por parte de su Consejo General Consultivo (en adelante “nuevo reglamento”).

Para comprender mi postura debo comentarles que ya en otra ocasión he afirmado que la modificación del régimen jurídico en materia educativa debe comprenderse como una política social que hace tiempo nuestro país necesitaba y exigía prioritariamente. Por lo que se refiere a la problemática que gira en torno al tema, la misma nos permite enfocarnos de manera  concreta al aspecto de la calidad y de la estructura del sistema educativo mexicano en sus distintos niveles, tanto en sus aspectos particulares como en los generales.

Por otra parte, resalté la importancia del debate sobre el derecho a la educación, su modificación y regulación –ámbito que nos debe importar a todos por su particular relevancia–, ya que en el fondo implica redefinir su contenido, su impacto y su utilidad, no solo en el ámbito jurídico, también en el ámbito social, económico y cultural. Sin duda alguna, la educación es el medio idóneo para formar ciudadanos comprometidos con el logro de sus expectativas personales y con las del país.

Respecto del ámbito jurídico identifiqué la relevancia que adquiere la educación, al ser ésta la base que permite generar puentes conceptuales con los Derechos Humanos, y con ello se crea una simbiosis entre educación y derechos humanos, pues ambos son inherentes a las personas (Véase: http://biblio.juridicas.unam.mx/revista/HechosyDerechos/cont/14/art31.htm).

Las anteriores precisiones son indispensables para dimensionar y entender mi aparente contradicción. Los motivos que me hacen estar en desacuerdo con el “nuevo reglamento” (espero que sean compartidos por todos Ustedes), por un lado, parten de analizar la exposición de motivos del mismo, pues en dicho texto el Consejo General Consultivo pretende establecer o imponer un instrumento normativo que según los integrantes del Consejo deberá estar vinculado con el contexto actual que impera en el país, y a partir de este contexto complejo que todos conocemos, se habrán de pretender redefinir las necesidades así como la realidad operativa y funcional del Instituto Politécnico Nacional.

Dicha pretensión es profundamente contradictoria, puesto que es posible advertir una grave y notable limitación o exclusión de la comunidad politécnica en general, y de la cual su servidor forma parte orgullosamente (al ser egresado), conforme a lo establecido en el artículo 9 del reglamento aprobado por el Consejo General Consultivo el 19 de octubre de 1998 y publicado en la Gaceta Politécnica el 30 noviembre del mismo año. La exclusión de los egresados representa un agravio y deslegitima dicho instrumento jurídico –quiero dejar en claro que no estoy argumentando con base en mi punto de vista, por el contrario, dicha aseveración la formulo con base en el contenido del artículo 13 del nuevo reglamento.

Por otro lado, es claro que como egresado del IPN todavía lo soy-, guardo un compromiso pleno con los postulados éticos y educativos que salvaguarda tan honorable Institución, por lo cual mis principios me obligan a manifestar mi desacuerdo respecto del contenido del ordenamiento en comento, ya que puedo advertir de manera general que su lógica tiende a imponer un “nuevo modelo educativo de la educación superior”, el cual habrá de estar determinado por el trabajo o función que el “estudiante” pueda adquirir según las exigencias del mercado. Este último definirá los programas y metodologías de enseñanza para alcanzar los “objetivos” que se necesiten y a su vez, el mercado igualmente establecerá los parámetros que permitan potencializar la enseñanza práctica. Convirtiendo a los “alumnos” en el “activo” más importante: obreros especializados. Con lo anterior quiero afirmar que dicha “educación desigual” es carente de una justificación democráticamente razonable e incluso discriminatoria, pero definida plenamente en términos utilitaristas cuyos objetivos están orientados en maximizar la productividad y competitividad en beneficio del bienestar general.

Así las cosas, debo advertir que si interpretamos mal o inadecuadamente todo lo anterior, habremos de pretender argumentar “positivamente la arbitrariedad y la discriminación” e inconscientemente dar la pauta a un riesgo mayor:acostumbrarnos a justificar las injusticias. En este punto es dable recordar a José María Albino Vasconcelos quien advertía que “La cultura engendra progreso y sin ella no cabe exigir de los pueblos ninguna conducta moral“.

Podría ir más allá, y seguir analizando de forma meticulosa la pretendida reforma al Reglamento Interno del Instituto Politécnico Nacional, pero posterior a una revisión general, dicho ejercicio me permite concluir de forma contundente que es un momento histórico para que la comunidad politécnica sume todos sus esfuerzos para exigir con decisión la auténtica transformación del Politécnico en una Universidad con autonomía técnica y de gestión, al servicio del país y orientada por las nuevas directrices educativas constitucionales plenamente vinculadas a los Derechos Humanos. Dicha exigencia es razonable y viable, puesto que nuestro actual Presidente se ha destacado por su compromiso con los Derechos Humanos y por su férrea voluntad reformadora (otorgarle su autonomía al Politécnico representa una decisión histórica).

Por último, debo comentar que las bases obtenidas en las aulas politécnicas han definido positivamente mi vida profesional, la cual se encuentra íntimamente vinculada con la docencia, la investigación y sobre todo la difusión de la cultura de la legalidad, lo cual estoy seguro es esencial para el mejoramiento de la calidad de vida de nuestro amado país (sin importar cuán imperfectas o inacabadas sean mis ideas).

Le mando un fuerte y sincero abrazo a todos aquellos amigos y profesores, que como su servidor, orgullosamente tienen el privilegio de formar parte de la comunidad Politécnica y al mismo tiempo de la UNAM.

Publicado en SDP Noticias:

http://www.sdpnoticias.com/columnas/2014/09/30/una-somera-reflexion-para-la-comunidad-del-instituto-politecnico-nacional el martes 30 de septiembre de 2014 a las 08:14 a.m.