La necesaria reforma… educativa

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“La educación es el arma más poderosa que puedes usar para cambiar el mundo”

Nelson Mandela

Al reflexionar en torno al ámbito educativo, en México en particular y en Latinoamérica en general, de forma inexorable habremos de considerar la grave crisis en que se encuentra inmerso nuestro sistema social en éste rubro. Es evidente percatarse también de la facilidad en cómo se propaga la violencia en todas las latitudes.

Así las cosas, también habremos de considerar que la mala calidad en el rubro educativo, ha dado y dará la pauta a la desigualdad hasta convertirse en un foco de alerta; y ello es así, porque lo confirman los evidentes reclamos y la creciente polarización social.

Con todo, debemos tener muy claro que la educación resulta ser absolutamente relevante, al ser ésta la base de todos los procesos económicos, jurídicos, políticos, sociales y culturales; por ello, es determinante en la formación de las personas. Es claro que las deficiencias, precisamente en la formación de las personas, impacta e impactará negativamente más tarde que temprano en la sociedad.

En este contexto, es que nos percatamos tardíamente del fracaso en el rubro educativo, y dicho fracaso, también se plasma en las formas en como defienden sus Derechos los maestros, con base en marchas, con base en plantones, con base en… ciudadanos muertos.

Es verdad que urgen modificaciones profundas en el ámbito educativo, pero también estoy convencido que dichos cambios deben generarse y concretarse con base en el dialogo y en el respeto de todos los involucrados.

Se equivocan rotundamente, aquellos que piensan que la educación es un botín de guerra que les permite “legitimar” su motín político (CNTE-Morena); y también debemos considerar, que no se puede imponer una reforma educativa con base en la fuerza que detenta el Estado (Gobierno Federal). Ninguna de las dos posturas nos llevará a materializar la definición de los fines intrínsecos en la necesaria reforma al ámbito educativo.

Es momento de invitar a los actores a retomar el diálogo y la prudencia, e incluso considerar los viejos argumentos formulados por Hannah Arendt en 1954, mismos que nos permiten plantear que, la educación es el ámbito en el que decidimos si amamos al mundo lo suficiente como para asumir nuestra responsabilidad por él y salvarlo de la ruina, que a menos que se mantenga renovada, ésta sería siempre inevitable; y al mismo tiempo, la educación, es donde decidimos si amamos a nuestros niños lo suficiente como para no abandonarlos a sus propios medios, ni quitarles de las manos la posibilidad de emprender algo nuevo, no previsto por nosotros, sino prepararlos para la renovación de un mundo compartido.